Palabras del Viceministro de Relaciones Exteriores de El Salvador Eduardo Cálix con Motivo de Clausurar la Primera Reunión de Coordinación Regional de la Celebración de los Bicentenarios México D.F. 10 de septiembre de 2008

Sin duda alguna nuestra historia nos une y nos hermana. Latinoamérica tiene un mismo origen que nos enorgullece, que respetamos y con el cual nos identificamos. A inicios del siglo XVII, los vientos de independencia tocaban arrebato las campanas de la libertad en Latinoamérica. Morazán, Bolívar, San Martín, Hidalgo y muchos otros insignes patriotas cumplían su cometido histórico de traer libertad a los pueblos de la región, el cual es un legado que ahora, doscientos años después, aún enfrenta desafíos, pero al mismo tiempo, alberga renovadas esperanzas.

En la actualidad, el sentimiento que significa ser libre conlleva nuevos y complejos contextos, en una realidad interdependiente en el que uno de los principales retos de los gobiernos es procurar el bienestar de los ciudadanos, en términos de equidad, respeto, educación, seguridad e igualdad de oportunidades.


Estimados amigos,
La conmemoración del Bicentenario de Independencia debe ser para honrar, no sólo la memoria de los grandes hombres del pasado, sino con el compromiso de construir progresivamente un mejor presente para nuestros países, sentando las bases de un porvenir más brillante para nosotros y nuestros hijos.

Por eso, al tener bajo nuestra responsabilidad las iniciativas de celebración, es oportuno recordar que la historia ha mostrado que los logros personales o colectivos no vienen sino del sacrificio y de la voluntad que ponemos de manifiesto haciendo uso pleno de nuestra capacidad para ser libres.

A lo largo de estos dos siglos Latinoamérica ha encontrado numerosos desafíos, pero siempre hemos sabido superar las dificultades, con perseverancia, madurez, y capitalizando experiencias para asumir el rol que nos corresponde en un mundo global.

Esta celebración debe también poner en evidencia la alta cohesión de la Comunidad Iberoamericana y el compromiso de trabajar bajo una visión compartida a todos los niveles, a tono con los tiempos. En ese espíritu, nuevamente, debemos asegurarnos que toda la sociedad se involucre en las festividades con el compromiso de continuar defendiendo el legado de libertad, de los valores democráticos y solidaridad, que impulsa nuestro propósito de avanzar hacia el desarrollo y la prosperidad de todos.

Al unirnos para conmemorar el bicentenario de nuestra América Latina, estamos contribuyendo a la proyección de América Latina y de su fuerza cultural en el mundo; así como a la reflexión acerca del futuro de la región, inspirados también en los ejes sustantivos de Educación, Ciencia, Cultura, Cohesión Social, Diálogo y Alianzas.

En ese sentido, es oportuno señalar que la XVIII Conferencia Iberoamericana de Educación y la XI Conferencia Iberoamericana de Cultura, celebradas en Mayo en San Salvador, generaron las propuestas de “Metas Educativas 2021: La Educación que queremos para los jóvenes del bicentenarios” y “Rutas de la Libertad”, respectivamente, que definen los fundamentos para avanzar en ese propósito.

Dichas propuestas, junto a todas las ideas presentadas por cada uno de nuestros países, han sido retomadas por la SEGIB y la OEI para la conformación de los lineamientos de las actividades regionales que darán inicio en 2010, y cuyos avances serán retomados en el Programa de Acción de San Salvador, a ser adoptado por los Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica en su próxima XVIII Cumbre, a celebrarse en El Salvador el próximo mes de octubre.


Estimados amigos:
Quiero agradecer a la Secretaría General Iberoamericana, a la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, y a la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, por el trabajo conjunto realizado para llevar a cabo esta primera reunión de coordinación regional.

Agradecemos, con igual entusiasmo, el compromiso y alta cooperación del Gobierno mexicano al aceptar ser sede y organizador del Seminario subregional mesoamericano, a celebrarse en este país en octubre, y en donde seguiremos abordando el análisis de la realidad de los jóvenes en la región.


Estimados amigos,

Al prepararnos para conmemorar el Bicentenario de nuestra independencia, quiero motivarles a considerar que en nuestras manos tenemos el potencial de construir el futuro de bienestar y oportunidades que soñaron para nosotros los que nos legaron patria.

Latinoamérica es una sola realidad formada por muchas hermosas parcelas. Nuestra diversidad, rica y de profundas raíces, no atenta contra la necesaria unidad frente a un mundo interdependiente y competitivo. Mas aún, convocados por la historia a compartir sueños, agua, cielo y cordillera, nuestro destino será tan grande como nuestra capacidad de ser solidarios. Crecer Sin unidad, buscar el provecho propio en detrimento del beneficio colectivo, solo adversidades traerá a nuestras Repúblicas. El futuro tiene que ser bueno para todos, y para todos solo será bueno si estamos juntos, unidos en la paz y en el progreso de nuestra gente.

Nosotros somos los herederos de aquellos caminantes que siguiendo a un Dios, encontraron un hogar nacional. Desde entonces hasta nuestros días, los latinoamericanos hemos sido caminantes hacia la aurora: caminantes por la historia; caminantes de muchos caminos que solo se hacen, como dijo el poeta, al andar.

Esos caminos, a veces llenos de abrojos y difíciles, les han dado a los latinoamericanos de todas las edades un sentido de pertenencia universal que hoy encontramos representado en todas partes del mundo. En efecto, Latinoamérica existe en el corazón de cada hermano, y en sus obras se renueva cada día. América Latina existe y existirá siempre mientras no se apague el fuego milenario que ilumino el entendimiento y dio dirección a aquellos príncipes originarios cuyo patrimonio mayor a sus descendientes, fue el don de la perseverancia.

Quiera Dios darle a esta región bendito por la historia templanza y fuerza para seguir adelante sin ceder un ápice a la tentación de la violencia. Quiera también darle paz y desarrollo por muchas generaciones. Ese es mi mayor deseo que coloco como ofrenda fraternal en el altar de la Patria grande Latinoamericana.

Muchas gracias.

 

 

 
XVIII Cumbre Iberoamericana El Salvador 2008