Discurso Inaugural del Presidente de Concultura en la XI Iberoamericana de Cultura.

Como Presidente de CONCULTURA, órgano estatal de la cultura en mi país, como salvadoreño y como ciudadano iberoamericano, con mucho regocijo y expectativas me permito usar el breve tiempo protocolar de esta ceremonia de apertura para compartir con ustedes el beneplácito que nos produce convertirnos en anfitriones de esta Décimo Primera Conferencia Iberoamericana de Cultura.

Sean estas palabras propicias para darles la bienvenida y agradecer profundamente la presencia de los ilustres ministros y representantes de las máximas autoridades culturales de Iberoamérica, así como elogiar el indispensable acompañamiento que a CONCULTURA le está ofreciendo la Secretaría General Iberoamericana y la Organización de Estados Iberoamericanos para la organización de estas jornadas.

Es la de hoy una oportunidad valiosísima para privilegiar y fortalecer el espacio cultural iberoamericano, no únicamente como un mero encuentro de agendas públicas, sino como expresión viva de la unión de aspiraciones en que se resume la historia de fraternidad de nuestros pueblos.

Colegas ministros, secretarios y representantes culturales de Iberoamérica: quiero decirles que El Salvador es hoy, y será siempre, su casa. Sean bienvenidos y sepan que su presencia nos conforta, nos alienta y nos promete grandes coincidencias.

Esta Conferencia se realiza en el marco de la celebración del Año Iberoamericano de la Juventud, y por ello quiero destacar que somos una región entusiasta y emprendedora que, sin embargo, enfrenta retos mayúsculos sin contar muchas veces con la participación plena y efectiva de su población joven. A las alteraciones, disfuncionalidades e incomprensiones que enfrenta la familia, como núcleo esencial de la sociedad y fuente primordial e insustituible de formación de los jóvenes, debemos sumar la pobreza, el alto costo de la vida, la marginación social, la escasez de oportunidades de desarrollo, el fenómeno de las migraciones, los conflictos sociales y hasta la polarización ideológica, que tienden a construir un clima de desencanto que encamina a buena parte de nuestra juventud hacia prácticas antisociales y autodestructivas.

Es parte de nuestro deber mantener viva la llama de la esperanza en nuestros jóvenes. Pero esa llama no puede arder sin el aporte sustancial, aunque no siempre bien reconocido, de la cultura.

A través de la cultura brindamos a las actuales y futuras generaciones un ambiente social sano, alentando en ellas su capacidad de soñar, de proponer, de crear.

Una parte de nuestra región está marcada en este momento por tensiones políticas que generan incertidumbre. Pero sabemos que después de estas crisis se derrumban las barreras mentales y los pueblos hermanos terminan entrelazados por los sentimientos y derroteros comunes que crea la cultura.

Hoy me permito formular un llamado para que nuestras naciones, nuestros gobernantes, nuestros líderes, sepan encauzar las diferencias a través del diálogo y el entendimiento, que son las formas más civilizadas para mantener la armonía entre los seres humanos. Y me permito hacer este llamado desde el ámbito de la cultura, que suele ser el punto de llegada de las grandes afinidades y el punto de partida de los grandes proyectos.

Somos un mismo pueblo, con sus naturales diferencias, pero capaces de soñarnos como iguales y trabajar juntos por las soluciones de nuestros problemas.

Y son nuestras diversidades, nuestra vigorosa y dinámica cultura, lo que nos convierte en una de las regiones del planeta con mayores posibilidades de integración y crecimiento, no porque hayamos hecho énfasis en los aspectos que nos diferencian entre nosotros o nos distinguen del resto de regiones, sino porque habremos advertido que esas diferencias, reales e inevitables, nos enriquecen, nos valorizan y multiplican nuestras oportunidades de desarrollo.

Es urgente que utilicemos de manera efectiva las herramientas y mecanismos que ya tenemos creados, en el espacio de la comunidad iberoamericana de naciones, para establecer los proyectos que amarren y dinamicen nuestra integración, como las venas a través de las cuales circule ese fluido vital que es la cultura.

Concluyo estas palabras externando nuestro agradecimiento a la Organización de Estados Iberoamericanos, a la Secretaría General Iberoamericana, a nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, por todo el apoyo que nos han brindado para que podamos estar reunidos en esta conferencia.

A todos ustedes, colegas de Iberoamérica, nuestra especial gratitud por su presencia y participación, gratitud que hacemos extensiva a sus pueblos y gobiernos.

Bienvenidos, una vez más.

 

 
XVIII Cumbre Iberoamericana El Salvador 2008